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Melina Dorfman, Los triunfos pasajeros

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  Ruth parece una chica como cualquier otra. Trabaja como periodista, vive sola, tiene una vida social activa y tomó una decisión: escribir sobre lo mal que le fue en el amor como un ejercicio redentor. Desde un presente en blanco, llena sus días con rutinas interrumpidas a cada rato por hechos insólitos, mientras recuerda su malograda historia con Félix, un chico inconstante laboral y emocionalmente, que la adulaba y destrataba por igual. Es que no consigue entender por qué se enganchó tanto hasta destruir la poca estima que le quedaba y para eso necesita revisar su pasado, ir bien atrás. Ahí está la diferencia: en su manera peculiar de hurgar. Ex amantes huidizos, amigas no siempre dispuestas a dar un consejo práctico, soledad y más soledad, fomentaron en ella una autoconsciencia dislocada y meticulosa. Una voz hiperventilada con arritmias leves, experta en diagnósticos equivocados que ponen su percepción de la realidad en aprietos, volviéndola inquisitiva con sus ...

Pablo Martín Ruiz, Caja continua de voces I

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Pablo Martín Ruiz Caja continua de Voces I Tenemos las Máquinas El inusual torrente de textos que componen Caja continua de voces I lejos de ser una magnética colección de misceláneas como puede parecer en una rápida y descuidada lectura. Antes bien se trata de un programa que intenta desmontar tanto los mecanismo de la creación como los de la crítica iteraria. La geometría formada por los movimientos aéreos de un caballo de ajedrez, o un conjunto de fotografías titulado < Buenos Aires: superficies de contacto>, sin posibles cifras de su principio ordenador. Ensayos, diarios de viaje, reflexiones, epigramas, poesía visual, listas, notas, paradojas, compilaciones, críticas, cuentos, esbozos, traducciones, palíndromos, son los ladrillos con los que, a la manera de ciert enciclopedia china, se construye una suerte de epistemología de la restricción y de lo inusual. Un collar donde no hay dos perlas que sean iguales: la apuesta, claro, está centrada en el hilo qu...

Olivia Gallo, Las chicas no lloran

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Olivia Gallo Las chicas no lloran Tenemos las máquinas Después de un asado familiar, a la hora viscosa de la siesta, una chica y su novio se escapan para ir a un telo. Después del sexo se miran en el techo espejado sobre la cama y se ven como un matrimonio anciano. De a ratos, usan un desgano prehistórico, el mismo con el que pasan las fotos de un álbum. Él le cuenta cómo su padre lo abofeteó: primero así, después así y de nuevo así. La mímica de un golpe humillante que se describe igual que la mímica del sexo, esa coreografía antigua y vital que la narradora, a pesar de su juventud, parece conocer de antes de otra vida, de otro tiempo, y que jamás la obnubila. En la línea valiente y melancólica de Milena Busquets o el desprejuicio sensual de Miranda July, estos cuentos diseccionan la crudeza y el espanto del amor y la violencia de sus contradicciones; esos pasadizos oscuros como los de un tren fantasma por los que deambulan madres, padres, hijos. Personajes que...